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Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en LinkedINYayoi Kusama falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio, a los 97 años, aunque la noticia se confirmó públicamente el 26-27 de agosto, cuando su estudio (Yayoi Kusama Inc., representado por la galería David Zwirner) emitió el comunicado oficial. Según su representante, la causa fue un fallo multiorgánico.
En el comunicado, el estudio señaló que la artista continuó pintando hasta sus últimos días, sin soltar jamás el pincel, explorando el amor eterno y el alma inmortal, dos de los grandes temas de toda su obra. Yayoi Kusama Inc. anunció además que dará continuidad al legado y los deseos de la artista, prometiendo seguir brindando esperanza a través del arte.
Kusama pasó sus últimas décadas viviendo por voluntad propia en un hospital psiquiátrico de Tokio desde 1977, mientras seguía trabajando a diario en un estudio cercano —una rutina que mantuvo prácticamente hasta el final. En 2017 se inauguró en Tokio el Museo Yayoi Kusama, dedicado enteramente a su obra.
Yayoi Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, en el seno de una familia acomodada dedicada al comercio de semillas. Desde niña experimentó alucinaciones visuales y auditivas —campos de flores que le hablaban, puntos que cubrían todo lo que veía—, fenómenos que más tarde explicaría como el origen de su obsesión artística con los lunares y la repetición infinita.
Su infancia estuvo marcada por una relación difícil con su madre, quien se oponía a su vocación artística y llegaba a destruir sus dibujos. Pese a ello, Kusama estudió pintura tradicional nihonga en la Escuela de Artes y Oficios de Kioto a mediados de los años 40.
En 1957 se trasladó a Estados Unidos, instalándose finalmente en Nueva York en 1958. Allí desarrolló sus icónicas "Infinity Net" (Redes Infinitas), grandes lienzos cubiertos de patrones repetitivos que la conectaron con el expresionismo abstracto y el minimalismo. Durante los años 60 se convirtió en una figura activa de la vanguardia neoyorquina, organizando "happenings" y performances con contenido político y contracultural, a menudo pintando lunares sobre los cuerpos desnudos de los participantes como protesta contra la guerra de Vietnam.
En esa época compitió y colaboró (no sin tensiones) con artistas como Andy Warhol y Claes Oldenburg, y desarrolló también sus primeras "Infinity Mirror Rooms", instalaciones envolventes que se convertirían en su sello distintivo.
En 1973 regresó a Japón por problemas de salud física y mental. En 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde reside desde entonces, manteniendo un estudio cercano donde trabaja a diario.
Su reconocimiento internacional creció notablemente a partir de los años 90, tras representar a Japón en la Bienal de Venecia de 1993. Desde entonces se ha convertido en una de las artistas vivas más celebradas y cotizadas del mundo, conocida por sus esculturas de calabazas gigantes con lunares, sus instalaciones inmersivas.
En 1957 se trasladó a Estados Unidos, instalándose finalmente en Nueva York en 1958. Allí desarrolló sus icónicas "Infinity Net" (Redes Infinitas), grandes lienzos cubiertos de patrones repetitivos que la conectaron con el expresionismo abstracto y el minimalismo. Durante los años 60 se convirtió en una figura activa de la vanguardia neoyorquina, organizando "happenings" y performances con contenido político y contracultural, a menudo pintando lunares sobre los cuerpos desnudos de los participantes como protesta contra la guerra de Vietnam.
En esa época compitió y colaboró (no sin tensiones) con artistas como Andy Warhol y Claes Oldenburg, y desarrolló también sus primeras "Infinity Mirror Rooms", instalaciones envolventes que se convertirían en su sello distintivo.
En 1973 regresó a Japón por problemas de salud física y mental. En 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde reside desde entonces, manteniendo un estudio cercano donde trabaja a diario.
Su reconocimiento internacional creció notablemente a partir de los años 90, tras representar a Japón en la Bienal de Venecia de 1993. Desde entonces se ha convertido en una de las artistas vivas más celebradas y cotizadas del mundo, conocida por sus esculturas de calabazas gigantes con lunares, sus instalaciones inmersivas "Infinity Mirror Rooms" —que han generado largas filas en museos de todo el planeta— y una producción prolífica que incluye pintura, escultura, moda (su colaboración con Louis Vuitton) y literatura, ya que también es novelista y poeta.
Su obra se interpreta habitualmente como una forma de autoterapia frente a su condición de salud mental, transformando la "autoaniquilación" que ella misma describe en una experiencia estética compartida con el espectador,—que han generado largas filas en museos de todo el planeta— y una producción prolífica que incluye pintura, escultura, moda (su colaboración con Louis Vuitton) y literatura, ya que también es novelista y poeta.
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